Mitos y realidades sobre el autismo
A lo largo del tiempo, el autismo ha estado rodeado de malentendidos, estereotipos y prejuicios.
Estos mitos dificultan la inclusión y generan barreras sociales innecesarias.
En APNAV trabajamos para ofrecer información basada en la evidencia científica y en la experiencia real de las personas autistas y sus familias.
Primer mito
Las personas con autismo viven en su propio mundo.
Realidad
Viven en el mismo mundo que todos, pero procesan la información de manera diferente. Pueden tener dificultades para comprender señales sociales o emocionales, pero desean relacionarse y formar parte de la comunidad.
Segundo mito
No tienen emociones ni empatía.
Realidad
Las personas autistas sienten profundamente; lo que cambia es la forma de expresar o interpretar las emociones. A menudo perciben el mundo emocional de manera más intensa o distinta, lo que puede generar malentendidos, pero no falta de empatía.
Tercer mito
Todas las personas con autismo son iguales.
Realidad
El autismo es un espectro, lo que significa que cada persona tiene capacidades, intereses y apoyos distintos. No hay un único perfil autista, sino miles de maneras de ser y estar en el mundo.
Cuarto mito
Las vacunas causan autismo.
Realidad
Este es uno de los mitos más dañinos y falsos. Numerosos estudios científicos han demostrado que no existe ninguna relación entre las vacunas y el autismo. El origen del TEA está relacionado con factores genéticos y neurobiológicos, no con la vacunación.
Quinto mito
Las personas con autismo no pueden trabajar ni vivir de forma independiente.
Realidad
Muchas personas autistas trabajan, estudian y viven con distintos grados de autonomía. Lo importante es que reciban los apoyos adecuados y que el entorno sea accesible y comprensible.
Sexto mito
El autismo se cura.
Realidad
El autismo no es una enfermedad, por tanto no se cura. Las intervenciones no buscan “normalizar”, sino favorecer el bienestar, la comunicación y la inclusión social.
Séptimo mito
El autismo solo afecta a los niños.
Realidad
El autismo dura toda la vida. Las personas autistas crecen, estudian, trabajan, se enamoran y envejecen. Por eso es esencial ofrecer apoyos adecuados en todas las etapas vitales.
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